Los “astados” de los encierros infantiles de Tirotateiro hicieron las delicias de los más pequeños en la avenida de Fernández Ladreda. / Diego de Miguel.
La controvertida decisión del jurado calificador de la capitalidad cultural europea entregando a San Sebastián la representación española en 2016 golpeó profundamente en el ánimo de los segovianos, conscientes de haber perdido una oportunidad única para dar un salto evolutivo importante de cara al futuro. Pese a vivir inmersos en las fiestas, los segovianos vivieron horas de tristeza y decepción que mermaron significativamente las ganas de compartir las actividades del programa festivo.
Pero como asevera el refrán, "el que canta, su mal espanta", y Segovia amaneció en el día de San Pedro dispuesta a exorcizar los demonios del pesimismo y el mal fario. Los segovianos salieron a la calle con el objetivo de no desmerecer la "fiesta grande" que une a la ciudad el 29 de junio y vivieron con intensidad todas las actividades que convirtieron ayer el centro histórico en un espacio para la diversión y la convivencia.
Las dos principales arterias de la vida social de la ciudad -Calle Real y Avenida Fernández Ladreda- concentraron las actividades más participativas de la jornada matutina, con la música de las charangas traídas desde el Festival de Música de Calle (FEMUKA) y el espectacular grupo de batucada "Brincadeira", que hipnotizó con su ritmo y sus no menos espectaculares coreografías a centenares de personas.
Mientras tanto, el grupo "Tirotateiro" transformaba Fernández Ladreda en La Estafeta pamplonica o la calle de Las Parras cuellarana para ofrecer vibrantes y "peligrosas" carreras en los encierros infantiles, donde centenares de niños se sintieron protagonistas de un espectáculo donde los carretones con las cabezas de los astados imaginados les hicieron pasar un buen rato.